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Niños con autismo – como cambió mi vida

A través de todas las experiencias de su vida Rob experimentó la bondad y misericordia infinita de Dios

Tener cinco niños seguidos con autismo es enfrentarse a un reto difícil. Pero Rob y su esposa Mary tienen un reposo y una fe indestructible en Dios que los guarda en sus manos. Rob nos cuenta su historia.

“Tu hija tiene autismo”

Estoy sentado con mi esposa María y sigo estupefacto el diagnóstico del psicólogo sobre nuestra hija de cuatro años.

Y sin haber terminado dijo: “y les recomendamos hacer una investigación de todos sus otros hijos lo más rápido posible.” El consejo era necesario. En los meses siguientes todos nuestros hijos fueron diagnosticados con autismos; uno por uno.

Llegó como un golpe el día que tuvimos el diagnóstico oficial que todos nuestros hijos tenían autismo, sin embargo fue de alguna manera un alivio recibir una explicación sobre el comportamiento de nuestros hijos. Me acuerdo estar sentado en un café junto con mi esposa pensando, “¿Y ahora qué? ¿Cómo vamos a manejar esto?” Estábamos un poco entumecidos y no preparados para dimensionar lo enorme que era esto.

Por nada estéis afanosos

Desde el comienzo del diagnóstico buscamos dónde recurrir. Había muchas posibilidades de ayuda y asistencia, pero había también muchos obstáculos para acceder a estas ayudas. Está escrito en filipenses 4:6.

Confiar en Dios no significa estar pasivamente sentado esperando un milagro. Uno tiene que seguir trabajando por lo mejor de sus hijos; tocar las puertas y ver qué se abre, etc… confiar en Dios significa que lo puedo hacer en una paz interior, que Dios tiene el control de todo y cubrirá las necesidades en el tiempo correcto. ¡La parte más difícil es la paz interior! La forma en que Dios llega a trabajar en nosotros y la forma de comprobarlo, es al tener que elegir de dejar nuestra confianza en Dios cuando las tentaciones de preocupación llegan.

Experimentamos entonces que las puertas se abrieron para nosotros en el tiempo correcto. Sabíamos que habían muchos que oraron por nosotros – y Dios escuchó sus oraciones – lo que tuvimos que hacer fue aprender la paciencia y confiar en Dios, al mismo tiempo que buscar todas las alternativas posibles.

El dolor no es compadecerse

Cuando entendí que mis hijos nunca tendrían una vida normal, me vino un enorme sentimiento de pérdida. Pero no es lo mismo que perder un hijo, ya que mis hijos estaban llenos de  vida y satisfechos. Sin embargo, nunca experimentarían la vida como los demás de su misma edad, los cuales crecen y tienen amigos de la misma edad de mis hijos y van a paseos y se divierten, etc. En cambio, mis hijos nunca podrían ser parte de esto. No creo que a ellos les importe, pero era difícil para mí.

El autismo no es una situación que desaparece cuando los niños crecen. Esto es durante toda la vida y algunas veces duele. Con mi razonamiento no puedo entender por qué Dios eligió esta situación para mi familia. Pero está escrito y lo sé por experiencia, que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (Romanos 8:28). Algunas veces pienso en El Sermón del monte donde Jesús predicó sobre un hombre que construyó su casa sobre la roca (Mateo 7:24-25). Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó. Tengo una fe firme en la perfecta dirección de Dios como un fundamento y es esto lo que me sostiene en las tormentas de la vida. Yo sé que no hubiera podido estar firme si no hubiera creído en esto.

Hay una diferencia entre tener angustia y dolor y sentir lástima por mí mismo – esta diferencia es importante. Angustia y dolor son muy comunes en los sentimientos de las personas y el amor te conduce a menudo a esto, cuando veo que los que yo amo sufren.

Pero la autocompasión es algo que solamente tiene que ver conmigo mismo – es egoísta, egocéntrico y muy lejos de lo que Pablo escribe en 1 Corintios 13 Así que mientras sienta dolor por mis hijos, no puedo ceder a la autocompasión. “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Santiago 4:7. Se aplica también para la autocompasión

Fui tentado muchas veces a estar tentado a sentir lástima por mí mismo y mis hijos. La solución es la misma que para otras tentaciones: usar las palabras de mi Maestro que es negarme a mí mismo, tomar mi cruz y seguirle. (Lucas 9:23)

Ver las necesidades de los otros

La tentación de tomar en cuenta sus propias necesidades en lugar de las de los niños – y la de la esposa – es muy fuerte. Es un factor de estrés cuando uno tiene niños con discapacidades tan altas. Con niños con autismo debo continuamente estar como un guardia de tal manera que no hagan cosas que los involucren a ellos mismos o a otros en situaciones de peligro.

Uno de nuestros niños se ha escapado de casa varias veces. Nosotros debemos estar de guardias todo el tiempo, incluso por la noche. A medida que los niños van creciendo y siendo fuertes, la presión también empieza a sobrevenirse hacia mí. En algunos casos Mary no está en las condiciones físicas de encargarse de algo más.

Esto puede cansarte después de un tiempo. Entonces empiezan los pensamientos a venir como “¿Por qué nunca tengo una pausa?”. Pensamientos como acusar a Mary porque no hace más – lo que es más terrible e injusto –  también aparecen. Me di cuenta que tenía una gran cantidad de exigencias que no tienen nada que ver con el amor. Debería apoyarla en lugar de pensar: “¿Por qué debería de hacer yo esto?” Hemos tenido que aprender a comunicarnos el uno al otro. Yo soy una persona cerrada en mi propia naturaleza. Pero ambos queremos vivir, así como Jesús nos enseñó. Nuestra situación nos ha unido más el uno al otro en vez de separarnos y el resultado es que hemos llegado a ser más sinceros y se ha vuelto fácil para nosotros hablar sobre cosas que antes no lo hacíamos.

Un verso que me ha hablado muchas veces en estas situaciones está en 1 Pedro 5,6. “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”. Cuando uno debe aprender a hacer cosas que no llegan naturalmente, entonces uno se siente algunas veces que la mano de Dios realmente está por encima de nosotros. Entonces uno puede solamente humillarse y decir: “Yo no sé porque yo debo pasar por esto, pero yo sé que debo ser obediente cuando no entiendo.” Aquellos que hacen esto reciben gracia sobre sus vidas, y las situaciones no los destruyen.

Tener un punto de vista en mi vida diaria

Uno debe tener un punto de vista – uno debe ver más allá de las situaciones cotidianas que uno vive. Porque si uno solamente ve las circunstancias y dificultades, entonces la vida se vuelve dura y pesada. Dios no está en contra de esto, pero Él tiene un trabajo que Él quiere hacer en la vida de uno. En Romanos 8,28 está escrito que todas las cosas les ayudan a bien a los que aman a Dios, y en el siguiente verso está escrito que a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo. Dios usa las situaciones que yo tengo en mi familia para que yo llegue a ser conforme a la imagen de su Hijo. Cuando uno solamente ve con sus sentidos y sus ideas lógicas todo se complica, entonces soy abatido y un hombre infeliz. Pero si uno tiene una visión del trabajo de transformación que Dios puede hacer a través de las situaciones, pensando en el resultado que tienen para esta vida y la venidera, entonces es más fácil de sobrellevar todo.

A veces la gente nos compadece porque tenemos niños con discapacidades. Pero la verdad es que Dios me ha bendecido con mis hijos. Mi hijo mayor es un muy buen chico y los otros más jóvenes son afectuosos, amables, interesantes y divertidos y eso me alumbra mis días. Ellos me agotan, pero estos niños me dan mucha alegría. Entonces no es como si Dios me hubiera dado algo tan terrible y difícil de llevar.

La bondad de Dios va mucho más lejos que lo que podemos entender y su intención es el salvarnos totalmente. No sabemos de qué necesitamos ser salvos – pero Él sabe esto y es lo más apacible posible con nosotros. ¡Tales situaciones no son terribles! sino una posibilidad para Dios de mostrar su bondad y su fuerza. Piensa lo que está escrito en Santiago 5,11 sobre Job. A través de una situación extremadamente difícil, Dios demostró que era “muy misericordioso y compasivo”. A final Job se dio cuenta de esto y yo igualmente experimenté lo mismo.

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