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¡Nadie tiene que pecar!

La tentación es una prueba de mi fe. Esta es una vida muy emocionante ya que a pesar de que tengo pecado en mi carne, ¡no tengo que pecar!

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” (Santiago 1: 2-4).

La tentación no es pecado, es una prueba de mi fe, si es que vivo frente al rostro de los hombre o frente al rostro de Dios – una prueba para ver si temo o no a Dios.
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” (1.Juan1:8). Tener pecado significa que tenemos pasiones y deseos, pero a través de la fidelidad en el momento de la tentación puedo destruir a aquel que tiene el poder de la muerte. Por lo tanto, puedo alegrarme grandemente cuando entro en la tentación.

El momento de tentación

Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. (Stgo.1:12-15).

Uno tiene que soportar la prueba y entregar a la muerte de Cristo todas las cosas a las cuales uno está siendo tentado. Uno no puede estar vivo para Dios, si carga las acusaciones que tienen efecto en su espíritu. Cuando uno está vivo para Dios, entonces ama su hermano y ¡no lo acusa!

Los que reciben las exhortaciones de la Biblia están vivos para Dios. No importa cuán desagradable es una persona, el no obliga a los demás a pecar con la ira, impaciencia, irritación, etc. En otras palabras, la otra persona nunca es la que tiene la culpa – es el pecado en la propia carne que es despertado por las cosas que suceden. Si uno culpa a los demás en sus pensamientos, entonces ha caído en pecado y no ha resistido la prueba.

¡No tengo que pecar!

Aunque tengo pecado, la intención no es que caiga en pecado. La tentación es una prueba de mi fe. Esta es una vida muy emocionante ya que a pesar de que tengo pecado en mi carne, ¡no tengo que pecar!

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo.” Hebreos 2:14. La muerte es la gran decepción de las personas porque esto pone fin a todos sus planes. Podemos ganar la vida eterna si resistimos la tentación. Jesús vino para liberar a todos aquellos que por temor a la muerte fueron sometidos a esclavitud toda su vida.

Jesús – nuestro Sumo Sacerdote

“Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.” Hebreos 2: 16-18. ¡Él tenía que ser en todo semejante a sus hermanos! ¿No es esto simple? Cuando padecemos en la carne, terminamos con el pecado. El espíritu de Jesús nunca fue manchado por el pecado en la carne. ¡Cuán sumo sacerdote tenemos!

Extracto del libro “Hyrde og Profet” (“Pastor y Profeta”).
© Copyright Stiftelsen Skjulte Skatters Forlag, Noruega

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