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¿Necesito ir a la iglesia para ser cristiano?

Ser cristiano significa seguir a Cristo. ¿Realmente tengo que ir a la iglesia para lograr esto?

Cristiano. Si buscas la definición de la palabra probablemente no encontrarás que es “la persona que va a la Iglesia”, y es parte de ella. Ser cristiano significa principalmente seguir a Cristo. Y ¿qué significa seguir a Cristo? El único lugar para buscar el verdadero significado es la Biblia.

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.» Mateo 16,24

«Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca.» (1 Pedro 2, 21-22)

Hay muchos versos que dicen lo mismo. Ser un verdadero seguidor de Cristo tiene que ver con lo que ocurre en el interior. Jesús fue un hombre como nosotros, pero jamás cometió pecado. Gracias a esto hizo posible para nosotros vencer el pecado. Ser cristiano significa ir por este camino y tener victoria sobre el pecado al cual soy tentado. Las formas y costumbres exteriores, las actitudes que tengo frente a las personas, o el no ser miembro de una iglesia en particular, no son cosas que definen lo que significa ser un cristiano.

Entonces podemos pensar, ¿es absolutamente necesario ir a la iglesia? ¿Si tengo la palabra de Dios que me muestra la vida que Jesús vivió, no puedo ser un cristiano en solitario, y seguir a Jesús por mi propia cuenta?

El cuerpo de Cristo

Si bien esto suena teóricamente posible, el apóstol Pablo utiliza la forma de un “cuerpo” en sentido figurado para explicar que si realmente queremos avanzar, entonces nos necesitamos mutuamente.

«De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.» Efesios 4,16

Aquí podemos ver que los verdaderos cristianos son miembros del cuerpo de Cristo (verso 11-12), y como tal necesitan ayudarse mutuamente para poder avanzar en el camino que Él nos abrió. Puede que no todos tengamos la misma función en el cuerpo, pero cuando soy fiel en seguir a Cristo en la verdad y resisto firme las tentaciones a pecar que enfrento en mi vida, entonces hago «mi parte». Soy cómplice del crecimiento del cuerpo. Por eso necesitamos reunirnos y edificarnos mutuamente, para resistir firmes en la tentación.

Y cuando veo a los otros miembros del cuerpo de Cristo, soy fortalecido solamente al pensar que hay muchas otras personas que luchan la misma batalla que yo.

Aunque sé que Cristo mira al corazón y puedo recibir alimento espiritual de la Biblia y otros escritos cristianos, también sé que necesito constantemente del aliento que recibo de la congregación. Esto lo puedo notar especialmente cuando no tengo la posibilidad de asistir a todas las reuniones, ya sea por el trabajo o los estudios. Es muy renovador y edificante escuchar el evangelio de Cristo predicado por hombres fieles de Dios. Y cuando veo a los otros miembros del cuerpo de Cristo, soy fortalecido solamente al pensar que hay muchas otras personas que luchan la misma batalla que yo. Al escuchar el testimonio de estas personas sobre la ayuda que han recibido de la Palabra de Dios y sobre aquellas áreas que han recibido victoria, recibo más luz y ayuda para continuar tras las pisadas de Jesús y vencer el pecado.

Esta es la esperanza que Dios tiene para nosotros, como Pablo escribe:

«Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.» Efesios 4, 14-15

No es una regla, sino una necesidad

No hay reglas rígidas y fijas en la Biblia acerca de asistir a la iglesia. Sin embargo, el autor de Hebreos deja muy en claro cómo los miembros del cuerpo de Cristo deben tenerlo.

«Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.» (Hebreos 10, 23-25)

¡Necesitamos confesar nuestra fe, a través de la cual podemos estimularnos mutuamente al amor y a las buenas obras!

Un verdadero seguidor de Cristo se da cuenta que necesita ir a la iglesia, aquí recibe ayuda y estímulo – y comunión con aquellos que trabajan para edificar el cuerpo de Cristo.

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