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¿Los cristianos no tienen que seguir a Cristo?

¿Cómo se supone entonces que las personas podremos seguir a Cristo, el Hijo de Dios?

La palabra «cristiano» no significa «admirador de Cristo», o «receptor de las bendiciones de Cristo». No significa en lo absoluto «el que cree en Cristo». No, la palabra «cristiano» significa «partidario de Cristo», o bien «el que sigue a Cristo».

Jesús fue un hombre y nos dejó un ejemplo

«Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca 1 Pedro 2, 21-22.

¿Cómo se supone entonces que las personas podremos seguir a Cristo, el Hijo de Dios? Pues bien, Jesús no hubiera podido ser un ejemplo para las personas si se hubiera quedado en el cielo. Tampoco si hubiera venido a la tierra como un ser sobrenatural con privilegios especiales. Jesús renunció ser igual a Dios y se convirtió en un ser humano como nosotros en todos los aspectos. Incluso prefirió llamarse a sí mismo el «Hijo del Hombre». De su madre María heredó la naturaleza humana (o una «carne») con todas sus debilidades, y fue tentado en todo según nuestra semejanza. Sin embargo jamás pecó. ¡Ni una sola vez!

En Hebreos 2, 17 está escrito: «Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos… pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.» En otras palabras, hizo todo esto por el bien de aquellos con la misma carne y sangre que Él tenía. Los que anhelan seguirle – los cristianos.

El pecado tiene un dominio absoluto sobre las personas, y todos nos hemos quedado cortos cuando se trata de la voluntad de Dios en nuestras vidas. Incluso los «mejores» de nosotros – si somos honestos con nosotros mismos – tenemos que admitir que somos pecadores. Toma nuestros pensamientos como ejemplo. ¿Son siempre tan puros y nobles, de amor y perdón como decimos que son? ¿Son todas nuestras palabras una bendición? ¿Son todos nuestros actos desinteresados? ¿Seguimos realmente las pisadas de Jesús?

Muerte en la cruz

En Filipenses 2 está escrito que cuando Jesús ya era un ser humano como nosotros, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte. Humillarse a sí mismo – ¿Qué significa? Para Jesús significó que en cualquier situación, donde fue tentado, siempre dijo: «Señor, no se haga mi voluntad, sino la tuya». Esto significaba que no se permitía pensar en forma crítica sobre los demás; ni ceder a la ira, el desánimo, la impaciencia o ¡cualquier otro pecado al que era tentado!

La propia vida de Jesús – el pecado en su carne – debía morir, dicho con otras palabras. Esta también fue una razón por la que dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.» (Lucas 9, 23-24) ¿Por qué ésta condición para los que quieren seguirlo? ¡Lo dice porque es el camino que el mismo anduvo!

… todos los cristianos verdaderos hacen uso de esta misma muerte sobre el pecado en sus propias carnes cuando le siguen

Cuando Jesús fue obediente a la voluntad de Dios, fue «hasta la muerte, y muerte de cruz». (Filipenses 2,5-8) Esta fue la «cruz de cada día» que Jesús habló por mucho tiempo antes de ser crucificado en Gólgota. Todo el pecado que moraba en la carne de Jesús fue crucificado en esta cruz, y todos los cristianos verdaderos hacen uso de esta misma muerte sobre el pecado en sus propias carnes cuando le siguen.

«Seremos semejantes a Él»

Los que siguen los pasos de Jesús, por supuesto terminan donde Él está ahora. «Llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.» (2 Corintios 4,10). ¿Has leído esto alguna vez esto en verdad? ¿Ves realmente lo que está escrito aquí? ¡La vida de Jesús – en nuestro cuerpo! El resultado de la muerte sobre nuestra «propia vida», es que un milagro increíble sucede en nosotros. Dios es capaz de crear algo completamente nuevo.

Por eso Jesús tomó este enorme riesgo y se convirtió en un hombre como nosotros – para poder darnos un camino a seguir: un camino para salir del pecado y de la muerte, hacia la felicidad y la vida, tanto ahora y por toda la eternidad. Y no sólo ha abierto el camino, también nos ha enviado su Espíritu Santo para guiarnos, ayudarnos y fortalecernos para avanzar en este caminar.

«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro (1 Juan 3, 2-3) Esto es el verdadero cristianismo.

Tal vez nunca has oído hablar de este tipo de cristianismo, pero la Palabra de Dios no habla de ningún otra cosa. ¡Toma hoy tu Biblia, y en lugar de leer lo que Jesús hizo en su lugar, lee cómo puedes seguir las pisadas de Jesús y ser semejante a Él! Pregúntate a ti mismo: «¿Soy realmente un cristiano, según la Biblia?» Si ésta es la vida que quieres, no lo dudes – ora para que Dios te dé su Espíritu, y comienza a seguir los pasos de Jesús. ¡El resultado será indescriptible!

 

 

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