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La vida no se vive en una burbuja – ¿qué clase de ejemplo soy para los demás?

¿Soy un ejemplo digno a seguir, incluso cuando soy tentado a la ira o impureza?

¿Cómo te sentirías si supieras que las personas a tu alrededor te han seguido e imitado tus acciones?

¿Piensas sobre ti mismo como un ejemplo que vale la pena seguir, no sólo en tus mejores momentos, sino también en aquellos momentos cuando eres tentado a la ira o tener pensamientos impuros?
No vivimos en una burbuja. Todo lo que hacemos influye de algún modo en las personas a nuestro alrededor. Nuestros hermanos pequeños o amigos se forman opiniones y cogen hábitos cuando pasan tiempo con nosotros. Los colegas en el trabajo se forman una impresión de cómo vivimos nuestras vidas a través de las conversaciones y el tiempo que compartimos en el trabajo. Los no-cristianos reciben una idea del cristianismo a través de nosotros.

Nuestro objetivo no es presentarnos a nosotros mismos como algo más grande de lo que en realidad somos. Esto es sólo orgullo – y esta mentira un día es revelada. Pero nuestras decisiones pueden tener valor para los demás cuando elegimos vivir una vida fiel. Podemos ver esto en 1 Timoteo 4,16: «Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren

Nuestra gran responsabilidad

Si leemos un poco antes en 1 Timoteo 4,12, está escrito: «¡Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza!» Es una gran responsabilidad ser un ejemplo de los creyentes. ¡Piensa lo vergonzoso que sería guiar a alguien en la dirección equivocada porque yo decidí ceder a mi pecado! Independientemente si influimos a alguien consciente o inconscientemente a que ceda al pecado, esto puede tener un resultado terrible. Ser egoísta enseña a los demás cómo ser egoísta.

Mateo 18,6 describe la seriedad de esto: «Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.» Esto no quiere decir que justificamos la pena de muerte a alguien que ha sido una mala influencia, pero quiere decir que el efecto de nuestras decisiones puede tener consecuencias eternas, no sólo para nosotros mismos, sino también para los demás, y es una responsabilidad muy importante ser consciente de ello.

Una persona que elije hacer el bien insta a los demás a hacer el bien. Del mismo, modo uno que elije hacer el mal insta a los demás a hacer lo malo. «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.» Gálatas 6,7. Nuestras acciones son semillas. Estas crecen y se desarrollan en una siembra que algún día cosecharemos.

¿Cómo será tu cosecha? ¿Eres una persona que ha hecho que los demás se sientan tentados a pensar: «Bueno, si él lo hizo, entonces también puedo hacerlo»? ¿Has dado a los demás una excusa para pecar?

Tenemos que estar en guardia y vigilantes, no sólo presentarnos a los demás de buena forma, sino realmente vivir una vida oculta con Cristo, de modo que el único sabor que los demás reciban de nosotros sea bondad y pureza.

Nuestra vida oculta

¿Qué pasa cuando las tentaciones vienen en los momentos que estoy solo? Si los demás pudieran ver mi vida de pensamientos cuando estoy solo, ¿seguirían pensando que soy un buen ejemplo? ¿Es posible influir a los demás con las elecciones que hemos tomado cuando nadie nos ve? ¡Absolutamente! Esos momentos también son de mucha seriedad.

Podemos pensar que es posible vivir una doble vida sin problemas, donde aparentamos ser fieles cuando alguien nos está viendo, pero cedemos a nuestras tendencias pecaminosas en lo oculto. No es ninguna vergüenza ser tentado – lo importante es mi decisión, ya sea buena o mala, independiente si alguien está mirando. Estas decisiones se revelan con el tiempo en la forma cómo nos comportamos, y cómo somos capaces de mostrar atención y agradecimiento.

«Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.» Hebreos 13,7. ¿Cuál es el resultado de nuestra conducta? Es claro que nuestra vida oculta nos retiene si no estamos dispuestos a ayudar a los demás porque ocultamos una mala conciencia, o cuando no podemos ver a alguien a los ojos, por temor que descubran cómo lo tenemos realmente.

Cosechamos lo que sembramos

Un día estaremos ante el rostro de Dios para rendir cuentas por nuestras acciones. No podemos permitir abiertamente que el pecado inunde nuestro corazón sin esperar consecuencias negativas tanto para nosotros mismos como los demás. «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.» Proverbios 4,23

En la Biblia hemos recibido las instrucciones necesarias para vivir una vida agradable a Dios – una vida en la que podemos ayudar y animar a los demás. ¡Qué gloriosa vida podemos tener cuando elegimos vivir como un ejemplo del bien!

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