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La salvación depende del corazón

No puedo ser transformado a la imagen del Hijo con el simple hecho de adaptarme a un cierto modelo de conducta.

La salvación por medio de Cristo Jesús es algo que va hasta lo más profundo. La obra que Cristo hace en un alma que realmente le ama es radical y abarca todas las áreas de nuestra vida. Penetra hasta las intenciones más profundas del corazón, y discierne los motivos y pensamientos para que algo completamente nuevo pueda crecer. Esta obra implica una transformación total de todo lo corrompido y desagradable, a todo lo que es plenamente puro y divino. Toda alma sincera debe reconocer que, si esta gloriosa obra va ocurrir en su interior, entonces tomará mas que un rápido cambio de interés por ser una mejor persona. Tiene que haber una revolución en el interior, esto es un corazón nuevo y puro, no solamente una, sino muchas veces durante toda la vida.

La obra de Dios con Job

A pesar de que Job era un hombre excepcionalmente justo, tuvo que ser tratado de una manera muy especial para que Dios pudiera realizar una obra eterna en él. Las pruebas que tuvo que soportar resultaron muy agobiantes en su interior. Así como Job, sus amigos tenían muchos pensamientos y opiniones acerca de todo esto, y gran parte era correcta y muy edificante. Eliú en lo particular a pesar de que era joven tenía muchas cosas buenas que decir en relación a este asunto. Sin embargo lo que causo más impacto en Job fue cuando Dios mismo le habló desde un “torbellino” directamente a su corazón. Las palabras de Dios obraron tan poderosamente en Job que algo sucedió en lo más profundo de su corazón, de forma que nunca volvió a ser el mismo.

El mensaje de Dios no era complicado o difícil de entender. Dios le pregunto sobre dos cosas. Primero quería saber si Job sabía en dónde estaba cuando Él fundaba la Tierra, y si sabía la respuesta de algunos otros misterios. (Job 38 y 39). Job no pudo responder ninguna de las preguntas. En lugar de decir mucho, Job comenzó a recibir luz acerca de sí mismo. Así que puso su mano sobre su boca y se quedó callado. Luego Dios habló de nuevo y le contó de dos animales: behemot, “el cual hice como a ti… He aquí su fuerza… y su vigor en los músculos…” y leviatán, “en su cerviz está la fuerza… No hay sobre la tierra quien se le parezca”. Job 40. 15-16; Job 41. 22-33. Estos dos animales son extremadamente fuertes, y no se inclinan ni se rinden ante nada ni nadie. Obviamente Dios no le preocupaban los animales, Él pensaba en Job. Por eso terminó Dios su con estas importantes palabras: “Menosprecia toda cosa alta; Es rey sobre todos los soberbios.” Job 41. 34.

Transformación por medio de la humildad

Las palabras de Dios obraron poderosamente en el corazón de Job. Antes, solamente había escuchado de Dios, pero ahora pudo ver. Los ojos de su corazón fueron alumbrados y comprendió quién era Dios y quién era él mismo en comparación con Dios. “Yo conozco que todo lo puedes… Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza.” Job 42. 2 y 6. Estas verdades son tan simples, aprendemos de ellas en la escuela dominical – Quién soy yo y quién es Dios. ¿No crees que Job sabía esto desde antes? Claro que lo sabía, de cierta forma. Pero él mismo dijo que a pesar de haber escuchado acerca de estas cosas, solo comprendía parte de ellas, el problema era que no habían penetrado hasta lo más profundo de su corazón para que pudiera ser transformado todo su ser. ¡Estas verdades no habían hecho una revolución interna en su vida! Ni habían cambiado su idea acerca de sí mismo, de su esposa,, sus amigos, circunstancias, pruebas y de todas las situaciones que Dios en su bondad permitía que le surgieran. Antes de poder abrir su oído interior y alumbrar los ojos de su corazón, Job necesitaba una fuerte demolición bajo la poderosa mano de Dios. Pero cuando esta obra ocurrió en Job pudo ser una persona completamente nueva. Por eso tenemos que agradecer a Dios por todas las tribulaciones y situaciones que Él manda en nuestro camino, ya que es imposible ser salvo sin tribulaciones.

No puedo ser transformado a la imagen del Hijo con el simple hecho de cambiar mi actitud o por adaptarme a un cierto modelo de conducta. La transformación sucede cuando me humillo de todo corazón bajo la poderosa mano de Dios e inclino mi oído a la verdad, sin excusas. Así Dios comienza a escribir sus leyes y mandamientos en mi corazón tan profundamente que todo mi anhelo es obedecerlos. Toda la transformación ocurre en el corazón. Por eso dice Jesús: “Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.” Mateo 23. 26, “Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.” Mateo 15. 18.

Este artículo se publicó por primera vez en noruego en el periódico de BCC “Skjulte Skatter” (“Tesoros escondidos”) en marzo de 2014.
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