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¡Jesús, mi buen amigo!

Åshild Opitz ha tenido a Jesús como su amigo por casi 40 años, y comparte algunas de sus experiencias aquí. ¿Cómo se comunica Åshild con Jesús? y ¿cómo sabe ella que realmente existe?

Åshild Opitz ha tenido a Jesús como su amigo por casi 40 años, y comparte algunas de sus experiencias aquí. ¿Cómo se comunica Åshild con Jesús? y ¿cómo sabe ella que realmente existe?

Tengo un amigo que tiene todo el poder en el cielo y la tierra. ¡Siempre está disponible y conoce mi situación en lo exterior e interior!

Él es la voz de la verdad en mi corazón, que me ama y me enseña mis errores sin culpa. Compasivo y bueno, me muestra a través de su buen ejemplo, una manera nueva y mejorada de cómo tomar mis situaciones. También es el que obra en mí el gran deseo y el poder para seguir este camino.

¿Cómo te comunicas con Jesús?

Puedo hablar con Jesús en voz alta o en mi interior. Afortunadamente Él no necesita de frases bonitas. Él invita a todos los que están trabajados y cargados a aprender más de Él, pues quiere ayudarnos a recibir paz en nuestra alma.

Muchas veces debo decirle a Jesús: «¡Ahora necesito tu ayuda, tú sabes en la situación que me encuentro», «¡Muéstrame lo que es correcto y bueno!», o también puedo preguntarle «¿Por qué estoy tan intranquila hoy?»

Comunicar también es escuchar. Allí en el silencio puedo oír su palabra en mi corazón. Entonces me da nuevas ideas. Me muestra de dónde viene mi intranquilidad. Pueden ser preocupaciones o que tengo exigencias con otras personas. El querer vivir conforme a las expectativas de los demás, también genera gran intranquilidad. A menudo, me recuerda un versículo de la Biblia el cual puedo tomar en mi corazón y en mi vida. Cuando sigo esta palabra, entonces recibo paz y gozo.

Es muy bueno saber que nada es tan pequeño para llegar a una relación con Jesús – él me ha ayudado en las pequeñas dificultades cotidianas de forma extraordinaria.

¿Cómo sabes que Jesús no es solo un amigo de fantasía?

He tenido la suerte de ver de cerca  a personas mayores que han tenido a Jesús como amigo durante toda su vida. Ellos le pidieron a Jesús tomar el timón de sus vidas cuando eran jóvenes, de la misma manera que un capitán elige entregar el mando de la nave a alguien que está más familiarizado con aguas turbulentas. Cuando ves a tales personas, que han sorteado con claridad todos los escollos ocultos y los rompientes, te das cuenta que aquí hay un capitán que con seguridad le puedes confiar el mando de la embarcación. El resplandor de su bondad, su alegría y agradecimiento me convencieron. Habían oído lo que Jesús dijo a sus conciencias al momento de tomar las decisiones en la vida. Jesús no era ningún amigo de fantasía, sino un verdadero amigo y piloto.

No es que hayan sorteado el sufrimiento y las pruebas, sino el egoísmo, la amargura, la envidia y la ansiedad. Este ejemplo de vida me llevó a pedirle a Jesús, cuando tenía 15 años, que tomara el control de mi vida. ¡Y es lo mejor que he hecho! ¡Hoy tengo 54 años, y sigo completamente dependiendo de su guía y fuerza!

¿Cómo me convierto en un amigo de Jesús?

Sentí que necesitaba un amigo de confianza y un piloto en mi vida. Me di cuenta que el temor de no ser aceptada por los demás, rápidamente me llevó a hacer cosas que no quería. ¿Querría Jesús tener de amigo a alguien con voluntad tan débil? Jesús dice: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.» Apocalipsis 3, 20 (esta es la cena que Jesús comparte con sus amigos más cercanos). ¡La única condición es abrir la puerta! ¡Yo sentí este llamado en la puerta de mi corazón, y hoy estoy muy feliz que atendí su llamado! Simplemente le pedí que perdonara mi pecado y guiara mi vida. ¡Desde entonces ha sido el señor del trono de mi corazón, de donde tiene mucho que decirme!

¿De qué ayuda tener a Jesús como amigo?

Llorando oré a Jesús en mi corazón: «¿Sabes Jesús lo que estás haciendo ahora?»

Es imposible describir plenamente cuánto ha hecho Jesús por mí, y la ayuda fiel que ha sido en mi vida.

Puedo mencionar una situación hace 12 años. Cuando tenía 42 años fui diagnosticada de cáncer de colon. Ahí mi confianza en Jesús se puso a prueba. Llevaba bastante tiempo enferma sin descubrir lo que tenía, sin embargo, cuando recibí la noticia del cáncer fue un golpe duro – se suponía que era sólo un examen más en el hospital.

Después de esa terrible noticia fui derivada a una oficina de un médico. «El médico viene enseguida», me dijeron. Choqueada y temerosa me senté en una silla plástica y esperé al médico. Mis pensamientos se centraron en mis ocho hijos y mi marido. ¿Qué va a suceder con ellos? ¿Tendrían que verme cada vez más enferma y posteriormente morir? Mi hijo menor tenía entonces solo cuatro años.

Llorando oré a Jesús en mi corazón: «¿Sabes Jesús lo que estás haciendo ahora?, Tengo cáncer, que probablemente ha avanzado mucho todo este tiempo que he estado enferma. ¿Qué sucederá con nuestros pobres hijos?» Levanté la mirada y vi un calendario colgado en la pared justo al frente mío. Era uno de esos que tienen versículos bíblicos para cada día. De todos los versos en la Biblia no podría haberme salido un mejor.

Era un verso del evangelio de Juan 10, 14, ahí Jesús dice:
«Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.»

Piensa, ahí colgando un verso de la Biblia frente a mis ojos para recordarme que era una de sus ovejas, y que Él era mi buen pastor que me conocía y que yo también conocía. Nunca antes me había fallado. Siempre había estado allí con su fuerza y ayuda. ¿Podría haber recibido algo más directo?

Cuando el médico finalmente llegó, me preguntó cómo me sentía después de la noticia. «Estoy bastante bien ahora, después de leer el versículo del calendario.» le dije. «Oh, ese calendario está en la fecha equivocada, siempre olvidamos pasar las páginas.», dijo el médico, casi molesto.

Hay un poder increíble en la Palabra de Dios. Cuando optamos por creer, recibimos una paz y reposo inconmovibles. Dios respondió todas las oraciones fervientes que pedían que viviera. Por esto estoy indescriptiblemente agradecida. Jesús me ha ayudado a tener una vida sin preocupación de una recaída. ¡Jesús puede calmar incluso la tormenta hoy mismo!

¿Exige Jesús algo de nosotros?

En el tiempo de Jesús, hubo muchos que llegaron a Él para ser sanados, pero muy pocos que estaban dispuestos a dejar sus propios planes para seguirle. «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando», dijo Jesús. También les dijo: «Si me amáis, guardad mis mandamientos». Y hoy dice a todos sus amigos: «¡He aquí yo estoy con vosotros TODOS LOS DÍAS, hasta el fin del mundo!»

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