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Hacedlo de corazón, como para el Señor

¿Por quién vivo? ¿Sirvo a Dios o los hombres en lo que hago?

Rápidamente podemos comenzar a  vivir como «servidores del ojo» para otras personas. Pero, ¿qué hay con los ojos de Dios? ¿He tomado en cuenta su voluntad? Pablo nos exhorta a estar despiertos, de modo que sirvamos a Dios y no a los hombres.

«Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.» Colosenses 3,23.

Un verso tan corto y simple – ¡con un fantástico mensaje liberador! Cuando hago todo de corazón para el Señor, entonces esto anula todas las ambiciones de impresionar a los demás. ¡Todo lo que hago, lo hago para el Señor!

Cuando el jefe entra…

Por lo general trabajamos un poco más rápido cuando el jefe entra. Sucede casi en forma desapercibida, y no pareciera ser algo tan serio. Sin embargo, esto revela una gran verdad sobre mí mismo. Nacemos con un instinto de preocuparnos sobre lo que los demás piensan de mí. ¿Por qué no trabajo igual de duro todo el tiempo?

Una vida cristiana superficial y linda no es la meta para uno que sigue a Jesús, sino uno que «… de corazón hace la voluntad de Dios

Pablo conocía a las personas, y era consciente de esta debilidad. Esto lo escribe muy acertadamente en varias de sus cartas. En la carta a los Efesios escribe claramente sobre cómo nosotros como discípulos de Jesús estamos llamados a servir y trabajar:

«No sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres (Efesios 6,6-7)

Si estoy tan ocupado de los que los demás creen y piensan, y me estreso para agradar a los demás todo el tiempo, entonces no tengo un oído y un sentido para todo lo que Dios me quiere decir en las situaciones. Él me ha puesto allí donde estoy por una razón, con las tareas que tengo que hacer, y tengo que levantar mis ojos de modo que pueda ver las mismas posibilidades que Dios.

¿Soy un servidor de Cristo en todo lo que hago?

«Sino como siervos de Cristo…» ¡Estoy llamado a ser un siervo de Cristo! ¿Cómo se comporta un siervo de Cristo en el trabajo? ¿Cómo es que él o ella piensan? ¡Un siervo de Cristo se alegra siempre en el Señor! ¡Un siervo de Cristo hace todo para guardar el corazón puro! Un siervo de Cristo está llamado a ser justo en todas las cosas. Una vida cristiana superficial y linda no es la meta para uno que sigue a Jesús, sino uno que «… de corazón hace la voluntad de Dios (Filipenses 4,4, Proverbios 4,23, 1 Timoteo 6,11)

Cuando soy consciente de su presencia constante, y vivo para ser agradable a los ojos de Dios, las decisiones se vuelven también mucho más claras para mí. ¿Debiera ver esto, leer o decir esto otro? Dios está pendiente de mí: ¿Qué piensa Él sobre esto? De esto modo puedo siempre purificar mis pensamientos, y recibo esa paz en la vida que sólo llegan a conocer los que viven para Dios.

¡Puedo hacer algo por Jesús!

«De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.» (Mateo 25,40)

Estamos llamados a ser de bendición en la tierra, y ser de bendición por causa del nombre de Jesús. Haciendo algo por mis semejantes, ¡entonces tengo la posibilidad de hacer algo por Jesús! Ya sea dando una sonrisa, lavando los platos sucios o bien dando una suma de dinero a alguien que sé que lo necesita, así puedo pensar que al mismo tiempo lo estoy haciendo para mi querido Jesús. Estas obras brindan una dimensión totalmente nueva, y ya no tengo más la necesidad de recibir alguna honra o el agradecimiento del otro. Porque ya he recibido lo que necesito de Jesús – él sacrificó su vida por mí, ¡y me ha dado la posibilidad de ser semejante a Él! ¡Ahora es mi turno de hacer algo a cambio!

Cuando dejo que Dios me guíe, no las personas, y sigo su guía, entonces puedo ser un ejemplo atractivo para los que me rodean.

Yo mismo recibo el impulso para bendecir, y recibo gracia para bendecir. Se vuelve algo que hago en forma consciente para para vivir digno de mi llamado, y lo hago con gozo. Entonces me convierto en un verdadero servidor de Cristo que vive frente a los ojos de Dios. Cuando dejo que Dios me guíe, no las personas, y sigo su guía, entonces puedo ser un ejemplo atractivo para los que me rodean. Me vuelvo una luz en la tierra, una muestra que la vida de Jesús puede salir de mí.

Una vida frente a los ojos de Dios

La vida se vuelve notablemente mucho más fácil cuando lo hago todo como para el Señor, y el amor de Cristo a cambio se vuelve la fuerza motriz en mi vida. Cuando llevo esto a la práctica, entonces el público se vuelve cada vez menos indispensable. Dios mismo me llena con poder y voluntad para llevar a cabo el bien por su amor, y Él bendice lo que hago. ¿Qué más podría pedir  un hombre?

Tomemos la recomendación de Pablo en el corazón – ¡y sirvamos siempre frente a los ojos del Señor, independiente de lo estemos haciendo!

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