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¿Es posible ser siempre «bueno»?

Independiente de cuánto lo intentaba, de ningún modo podía comportarme así como lo había pensado.

Independiente de cuánto lo intentaba, de ningún modo podía comportarme así como lo había pensado.

Me acostaba inquieta en la cama mientras los pensamientos revolvían en mi cabeza. Independiente de cuánto lo intentaba, de cuánto lo deseaba, de ningún modo podía comportarme así como lo había pensado. Cada noche pensaba en el día pasado con arrepentimiento. ¿Por qué había dicho exactamente eso que sabía iba a ser doloroso para el otro, y que en realidad había decidido no decirlo? ¿Por qué me irrite con tal persona por algo tan insignificante? ¿Por qué siempre pienso sólo en mí, y nunca parezco notar cómo mis acciones afectaban a los demás? ¿Por qué no podía ser una de esas personas agradables, amables y atentas que veía a mí alrededor, y como realmente anhelaba ser?

¿Por qué había dicho exactamente eso que sabía iba a ser doloroso?

Siempre he querido ser «buena». Cuando niña resultaba fácil – hacía lo que me pedían y siempre intentaba comportarme como yo creía que esperaban de mí. Pero cuando crecí esto se volvió cada vez más difícil. Tuve que empezar a hacerme cargo de mis propias decisiones y yo misma entender cuál era el comportamiento «correcto». Comencé a ver lo egocéntrica que era; y cuán a menudo tomaba decisiones sólo para mi conveniencia, y lo poco que pensaba en los demás.

Había leído en la Biblia acerca de cómo tenía que ser el amor

Había leído en la Biblia acerca de cómo tenía que ser el amor: «El amor es sufrido, es benigno… no busca lo suyo, no se irrita… el amor nunca deja de ser (1 Corintios 13, 4-5 y 8). Me decidí ser más cuidadosa o no irritarme, pero cuando las situaciones se presentaron, igualmente fracasé. Me di cuenta que no era capaz de ser realmente buena, porque mi naturaleza humana decretaba otra cosa. Era una «esclava del pecado», como está escrito en Juan 8, 34 y Romanos 7, 18-23.

En la desesperación comencé a leer la Biblia, en busca de ayuda. Mi vida cristiana tenía que ser verdadera, de lo contrario seguiría siendo sólo sin sentido. Leí, «…transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» (Romanos 12, 2). Así que esto era lo necesario: una transformación total; un cambio real – ¡ser una persona nueva! A medida que buscaba en la Escritura, me convencía cada más que esto era posible – ¡podía ser cambiada!

Así que esto era lo necesario: ¡una transformación total!

Ahora, cuando soy tentada por ejemplo a molestarme o irritarme, oro a Dios por ayuda aquí y ahora. Es imposible tomar la decisión correcta sin la ayuda de Dios. Una parte de mí (mi carne) quiere irritarse porque tengo el «derecho» a esto en «esa circunstancia».  Pero sé que irritándome, a pesar que tengo el «derecho» de hacerlo, sólo me vuelvo infeliz, y mi anhelo es ser libre. Con la ayuda de Dios me convierto en una nueva persona, con reacciones totalmente nuevas, distintas a las que hubiera tenido si hubiera seguido mis propias tendencias. ¡Estoy en el proceso de «ser transformada»!

Estoy en un proceso de transformación para ser una nueva persona. Para recibir ayuda definitiva, no hay duda en mi mente que necesité y siempre voy a necesitar el poder de Jesús y la guía que la Biblia brinda para ser completamente transformada – para ser realmente buena, y no solamente actuar «cortésmente» por afuera.

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