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Eliseo: El ejército invisible

¿Qué puedes hacer cuando estás rodeado de enemigos?

Imagina despertar completamente rodeado de enemigos. ¿Cómo habrías reaccionado? ¿Con temor y desesperación? O, ¿habrías visto a tus enemigos como polvo en relación al poder de nuestro Dios?

Eliseo, un profeta de Dios, se encontró en esta situación después de haber dado consejos valiosos al ejército de Israel. El rey de Siria decidió tomar a Eliseo como prisionero y envió un ejército a la ciudad donde el profeta vivía. Bajo el amparo de la oscuridad, los guerreros sirios rodearon la ciudad.

Cuando el servidor de Eliseo despertó temprano en la mañana para comenzar su rutina habitual, se encontró al salir con un ejército de sirios. Envuelto en pánico le gritó a su amo: «¿Qué vamos a hacer?»

Es poco probable que un ejército físico se levante contra nosotros como con Eliseo, pero tenemos enemigos en forma de poderes espirituales que vienen y nos tientan con la impureza, los deseos mundanos y el desánimo. «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.» (Efesios 6,12)

Cuando sentimos que estos enemigos espirituales se acercan y nos tientan a hacer lo que sabemos en nuestro corazón está contra la voluntad de Dios, ¿qué le damos por respuesta? ¿Nos sentimos abrumados y con temor, como el siervo de Eliseo?

«¡No temas!»

Para Eliseo la elección fue clara, y la respuesta a su siervo fue simple y llena de fe. «No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.» (2 Reyes 6,16) Esta tuvo que ser una respuesta difícil de aceptar para el siervo al mirar abajo una pared de enemigos, erizándose con lanzas y escudos. El siervo ciertamente no vio a nadie listo y dispuesto a luchar de su lado.

Pero Eliseo vio la situación de una manera completamente diferente. Él oró al Señor en nombre de su siervo, diciendo: «Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea.» (2 Reyes 6,17). De pronto el siervo pudo ver con los mismos ojos iluminados que Eliseo. Las colinas alrededor de la ciudad ciertamente no estaban vacías… un poderoso ejército de caballos y carros de fuego estaba al acecho, ¡enviado por el Señor para proteger su profeta!

Los sirios comenzaron a avanzar por la ciudad, sin darse cuenta que ahora estaban en desventaja numérica. Nuevamente oró Eliseo a Dios y dijo: «Te ruego que hieras con ceguera a esta gente.» Se desató el caos en las filas sirias cuando todo el ejército de pronto se quedó ciego.

¡En cuestión de segundos la simple fe de Eliseo redujo a nada un enemigo aparentemente imparable!

La lucha hoy en día

El ejército de poderes espirituales que también nos enfrenta hoy en día es tan peligroso como el ejército físico que rodeó a Eliseo. Rápidamente podemos sentirnos en desventaja numérica, y sólo ver una cantidad increíble de enemigos sin tener en cuenta que asimismo como los caballos y carros de fuego aparecieron para Eliseo, hay poderes que están dispuestos a luchar de nuestro lado, si tenemos fe para pedir por ellos.

Hay poderes que están dispuestos a luchar de nuestro lado, si tenemos fe para pedir por ellos.

Satanás quiere que nos sintamos solos. Que sintamos que enfrentamos un poder supremo insuperable. Quiere que sintamos que sólo podemos confiar en nuestras propias fuerzas. Todos estos pensamientos son engaño. En realidad, los poderes de este mundo son nada en comparación con el poder que podemos alcanzar a través del Espíritu Santo. Cuando estamos dispuestos a vivir en un espíritu de fe podemos ver a nuestros enemigos por lo que son y, con Dios de nuestro lado podemos matarlos.

«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia
(Isaías 41,10)

¿En qué creo?

El siervo de Eliseo confió sólo en lo que podía ver y comprender, y por eso rápidamente se desanimó. Se dio cuenta que enfrentaban un obstáculo tan grande para que un hombre lo superara. Al tratar de resolver sus problemas humanos con su entendimiento humano fue cegado para la lucha espiritual. Olvidó que tenía un Dios vivo de su lado.

¿En qué creemos? Cuando nos encontramos con un enemigo en nuestras situaciones cotidianas, ¿reaccionamos como Eliseo o como su siervo?

¡Cuando vivimos en esta fe simple, tenemos todos los poderes celestiales de nuestro lado!

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