Ir al contenido

“Constantemente me ofendía de todo…”

Alta y su tendencia a ofenderse por todo y de todos le arruinaba su vida. ¿Cómo podía encontrar una salida?

Alta es una madre, una mujer trabajadora además de muchas otras cosas. Su ocupada vida requiere tener responsabilidad de muchas cosas y es una vida satisfactoria para ella. Pero en un punto de su vida, cuando los niños estaban creciendo, notó que en todo esto, no estaba feliz. Estaba enojada y molesta. Se dio cuenta poco a poco que su problema era que estaba siempre ofendida de todo – ofendida de cómo la trataba la gente, de no estar invitada en las ocasiones que pensaba que debería, de cómo la gente trataba a sus hijos, etc… Sabía que esto era la causa de su infelicidad, pero le tomo tiempo llegar a la raíz del problema. Al comienzo pensaba que la gente que la rodeaba tenía que cambiar, que ellos eran el problema y no ella.

Pero cuando pensaba así, nada cambiaba y finalmente llegaba a un punto donde estaba muy cansada de ser miserable todo el tiempo. Estaba constantemente ofendida por algo. Clamó a Dios para que le mostrara qué necesitaba hacer para liberarse de lo que ya era una enorme carga para ella.

Por causa de su necesidad y su humildad al orar por ayuda, le fue posible a Dios revelarle la verdad. Esta fue la primera etapa para vencer y estar en paz, gozo y libertad.

Encontrar la solución al problema

“Lo que descubrí era que estar ofendida tiene raíces en muchas cosas” dice Alta, “tenía muchos pensamientos elevados de mí misma y por causa de eso, pensaba que los otros debían tratarme de manera diferente de como lo hacían. Me consideraba como un modelo a seguir para todos a mí alrededor – mi familia y amigos – y entonces estaba completamente frustrada cuando no actuaban como yo pensaba que ellos debían. Y todo llegó a un problema grande: el orgullo. Este orgullo conlleva murmuración, impaciencia, rencores y muchas cosas feas. Esto era algo que estaba muy lejos de la humildad de la cual la Biblia habla.

(Mateo 23: 11-12, Filipenses 2:3, Santiago 4:6)

Tiempo de Acción

“Tan pronto vi esto en mi naturaleza, supe directamente que algo tenía que hacer. Dios me dio una palabra: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. …Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.”

“Vi que estar ofendida significaba que no tenía amor por la fraternidad, por los miembros del cuerpo de Cristo como la Iglesia que incluye a mi esposo y mis hermanos. Estaba lastimando mi relación con todos, era el tiempo de parar de culpar a los demás y enfocarme en mí misma. Empecé a entender que, si estaba ofendida de todo, no podía amar al mismo tiempo. Cuando estaba tentada a estar ofendida de cosas, oraba a Dios y me exhortaba a mí misma con este versículo: “No seas sabio en tu propia opinión” mi deseo era de estar completamente obediente en esto.

“Mi mente cambió y empecé, más bien, a mantenerme en estos nuevos estándares: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor” 1 Corintios 13:4-5.

La Batalla para estar libre

“Ceder en estar ofendido es como abrir la puerta a todas estos pensamientos feos y desagradables. Pienso que soy alguien especial y que necesito un tratamiento especial, estoy tan lleno de mí misma, que no tengo tiempo para los otros y sus necesidades. No puedo vivir una vida rica en Dios cuando estoy viviendo constantemente ofendida. Está escrito que Jesús ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas y eso me anima a tener el mismo celo. ¿Qué me hace pensar que puedo tener victoria sin hacer la misma cosa? Mis propias ideas de cómo las cosas tienen que ser están tan arraigados en mi naturaleza que necesito realmente una batalla para vencer sobre ellas. Necesito realmente ir adelante al trono de la gracia y clamar a Dios por gracia y ayuda. Pero es solamente cuando soy humilde y hago esto, entonces soy libre.”

“Vencer en esta área me ha dado tanto reposo – un reposo real en mi espíritu. Encontré la felicidad que me faltaba. Ya puedo tener un amor desinteresado para con mi familia y mis hermanos. Mi determinación es renunciar a todo lo propio para mantener mi amor firme y crecer cada día más.”

“No acabé con todo; soy todavía tentada, pero ya no dejo a Satanás tener raíces en mí. Clamo a Dios, “¡Ayúdame! Tú sabes que no quiero estar ofendida” Y entonces veo, sin embargo, diferentes formas de cómo puedo estar agradecida. Todo puede cambiar completamente. Los pensamientos llegan y pienso, “¿cómo me pueden hacer eso?” Pero entonces Pienso “¡No! No necesito estar ofendida.”  Ahora soy una persona mucho más feliz y agradecida que lo que era hace dos o tres años. Esto funciona. Funciona realmente.”

“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” Filipenses 1:6

Principales enseñanzas

Descubre cómo la Palabra de Dios nos desafía y nos prepara para vivir 100% según su voluntad, de modo que ya no necesitamos caer en el pecado, sino que podemos llegar a una vida en victoria.

Descargar E-books gratis

Estoy crucificado con Cristo

Este libro está basado en lo que Pablo escribe en Gálatas 2,19-20: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.» Aquí Elías Aslaksen explica lo que esto significa, y cómo el lector puede tener el mismo testimonio que Pablo en su propia vida.

Síguenos