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¿Cómo puedo curar un mundo roto?

¿Pueden los problemas que enfrenta este mundo curarse?

Asesinatos, terror, mentira, escándalos, corrupción, aprovechamiento, contaminación, codicia – es una larga lista de problemas que el mundo de hoy enfrenta, y que cada vez es más larga.

Por supuesto que hay excepciones – personas que ayudan y apoyan a otros en necesidad, tanto a los que están a su alrededor como a los que están más lejos. Esto puede ser a gran escala o en un nivel personal, y por diferentes razones.

Pero la noche cae y las sombras se alargan, y las luces que hacen todo lo posible para repeler la oscuridad parecen más débiles y menos que ayer. La desesperación es como un informe de noticias lejano, y aunque anhelo cambiar el mundo, pareciera que hay demasiadas personas empeñadas en hacerlo peor.

Jesús profetiza en Mateo 24,6-7, «Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares

¡Haz algo!

Es fácil tener una visión pesimista del mundo y pensar que las cosas malas van a suceder de todos modos, ¿por qué no dejar simplemente que sucedan? Puede ser tentador sólo quedarse de brazos cruzados y encontrar algo que desvíe mis pensamientos del sufrimiento a mí alrededor hasta que Dios decida que es hora de poner las cosas en orden nuevamente.

Pero no, no es así como funciona. En 2 Pedro 3,11-12 está escrito: «Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!

La vida no es una sala de espera. Dios tiene planes para mí aquí en la tierra. Tiene algo que quiere que yo haga. Y al andar conforme a la voluntad de Dios en mí vida puedo hacer que ese día se acerque un poco más; el día que todas las lágrimas se secarán y los dolores curarán.

«Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron Apocalipsis 21,4. Qué lejos está esto del mundo actual. ¡Y qué glorioso será vivir en un mundo en tal condición!

Un cielo nuevo y una tierra nueva. No más dictadores o terroristas, no más hambre ni enfermedades. No más familias destruidas, ni pobreza, ni guerra. ¿De dónde provienen estas cosas si no es de la ira, el orgullo, la avaricia, y todos los otros pecados que moran en nosotros? Pero cuando esto pase sólo habrá paz, gozo y felicidad.

¿De dónde provienen estas cosas si no es de la ira, el orgullo, la avaricia, y todos los otros pecados que moran en nosotros?

Y a través de una vida temerosa de Dios no sólo puedo acelerar ese día, sino también hacer mí parte ahora aquí en la tierra. «Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo Filipenses 2,14-15.

Andad como Él anduvo

Sí, el mundo está cada vez más oscuro y es difícil encontrar esperanza en estos días. Quizás no soy capaz de curar el cáncer o resolver el problema del hambre en el mundo. Pero puedo hacer algo. La mejor y más eficaz forma de hacer una diferencia es andar como Él anduvo, y ser puro como Él es puro. Hacer las cosas sin murmuraciones y contiendas, vivir irreprensibles y sencillos, andar en santidad y temor de Dios. Entonces la gloria de Dios alumbrará a través de mí, y realmente seré una luz en este mundo.

Así que independiente de dónde Dios me guíe, a través de las pequeñas situaciones de cada día las personas pueden verme y ver esta luz. A través de mi vida puedo demostrarles que aunque el pecado destruya y corrompa todo a su alrededor, Dios sigue haciendo milagros.

Y los milagros que Dios hace en mí es que transforma mi propia naturaleza, en algo nuevo. De modo que  cada vez que soy tentado a irritarme, enojarme, o al orgullo, puedo negar estos pensamientos, y Dios velará para que el pecado en mí muera y sea transformado mucho más en su imagen. En muchas maneras este es el mayor milagro de todos. (Ver 2 Pedro 1,4.)

Satanás será aplastado

Mientras Satanás tenga riendas sueltas para hacer lo que quiera, el mundo no será un lugar perfecto. El pecado destruye demasiado. Pero todavía puedo hacer mi parte. Puede parecer que no es mucho, pero esos pequeños milagros cotidianos tienen significado.

Cuando he dado mi vida a Dios, he pasado de la oscuridad a la luz, y Satanás ha perdido su poder sobre mi vida. Esto se demuestra en las circunstancias de la vida diaria. Quizás no viene con una fanfarria de trompetas y mucha honra o elogios, pero cada victoria que tengo sobre el egoísmo y el pecado en mi propia vida es otro golpe aplastante contra Satanás. (Romanos 16,19-20)

La luz que proviene de una vida sin mancha delante de Dios no parpadea; no vacila frente a la oscuridad.

Nadie puede resolver todos los problemas del mundo solo, pero podemos hacer nuestra parte, y juntos el plan de Dios para la salvación de toda su creación. Así que, o soy uno de esos discípulos fieles que participan en aplastar el poder de Satanás bajo sus pies, o bien vivo por mí mismo y ayudo a fortalecerlo. La elección es mía. Y esta elección se hace todos los días.

Y aunque casi es de noche y las sombras parecen más profundas y oscuras que nunca, los que son obedientes a Dios, los que andan en forma santa y piadosa, brillan más que soles en la tierra. La luz que proviene de una vida sin mancha delante de Dios no parpadea; no vacila frente a la oscuridad. Aunque son pocos, brillan aún con más claridad, y a pesar que la noche es larga, la esperanza no se pierde. Dios tiene un plan. Él sabe lo que hace. Y busca personas que fieles hacen su voluntad para llevar a cabo este plan.

«Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.»  2 Pedro 3,13.

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