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¡Aprende del pasado!

Cuando veo cómo mis «normales» reacciones negativas jamás han cambiado nada para mejor, hasta ahora, recibo el anhelo de hacer las cosas de manera diferente.

Cuando veo cómo mis «normales» reacciones negativas jamás han cambiado nada para mejor, hasta ahora, recibo el anhelo de hacer las cosas de manera diferente.

En la última hora de clases de historia el profesor nos explicó un punto central que quería que recordáramos: Tenemos que aprender del pasado para no cometer los mismos errores en el futuro. Me senté y pensé cómo esta idea podía ser útil en la sociedad. Solamente piensa si pudiéramos aprender a evitar las crisis económicas, ¡o tal vez incluso las consecuencias devastadoras de la guerra!

Entonces me di cuenta que esto lo podía aplicar a mi propia vida. ¿Cuántas veces no había llegado tarde a clases, sólo por salir de casa a la misma hora todos los días? Me pregunto si la idea de «aprender del pasado» puede aplicarse a otros errores, como por ejemplo, cuando reacciono de mala manera cuando algo no sale como pensaba.

Si alguien dice cosas negativas de mí a mis espaldas, surgen en forma natural pensamientos rencorosos y de ira. Eso es normal, ¿verdad?

¿Por qué me molesto?

Sin embargo, irritarme o enojarme simplemente no me hace feliz, y nunca resuelve el problema. Al contrario, me hace sentir más frustrado, insatisfecho y tonto. Esto se debe a que estas cosas son pecado, y por lo tanto no agradan a Dios. Entonces, ¿por qué sigo molesto?

Cuando pienso en lo sucedido, me doy cuenta que la razón por la que reacciono así, es que vienen pensamientos que me hacen pensar que mi felicidad depende de lo que ocurre a mí alrededor, y la forma en cómo me tratan. Satanás sabe cómo hacer uso de tales pensamientos, y su única intención es robar mi paz y alegría. Juan 10,10. Él quiere engañarme y hacerme creer que el problema está fuera de mí mismo. Dios, en cambio, quiere que sea libre del pecado que mora en mi propia naturaleza humana. ¡De hecho, es la manera en cómo reacciono en cada situación lo que determina mi propia felicidad!

Los pensamientos de irritación e ira que se presentan son el deseo a pecar en mi naturaleza humana. Si soy consciente de que Satanás trata de usar estos pensamientos para atraerme hacia el pecado, puedo resistirle no cediendo a ellos, y teniendo fe en la palabra de Dios. En Santiago 4, 7 está escrito: «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.» Elegir resistir a Satanás negando el pecado al que soy tentado, siempre es algo que ayuda a bien – ¡siendo libre del pecado en mi naturaleza humana es la única forma de ser verdaderamente feliz!En Romanos 8,28 está escrito, «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.» Si amo a Dios y busco agradarle, puedo ver cada tentación como una oportunidad para ser liberado del poder de Satanás sobre mí.

¿Cómo puedo evitar ceder?

Cuando veo cómo mis «normales» reacciones negativas jamás han cambiado nada para mejor en el pasado, recibo el anhelo de hacer las cosas diferentes. Pero, ¿cómo puedo estar seguro que no cederé la próxima vez?

Debo admitir que estas cosas en realidad son pecados, y debo arrepentirme, y odiarlas. Debo tomar una decisión firme en mi corazón que ya no quiero dejar que Satanás tenga ningún poder sobre mí. Entonces, cuando vea que estoy siendo tentado a hacer esas cosas que odio, ¡puedo clamar a Dios por ayuda! En Hebreos 4, 16 está escrito: «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.» Cuando me acerco confiadamente al trono de la gracia de Dios y pido ayuda cuando soy tentado, con seguridad Él me da la gracia que necesito para resistir el mal, en el momento de necesidad. Es decir, antes de caer. ¡Él quiere ayudarme!

No sólo llego a la libertad del poder del pecado, sino que mi naturaleza humana es renovada.

No sólo llego a la libertad del poder del pecado, sino que mi naturaleza humana es renovada. Donde antes había ira, Dios puede crear paciencia, donde había quejas, Dios puede crear agradecimiento. ¡Mi naturaleza humana de hecho es sustituida con naturaleza divina – vida eterna! 2 Pedro 1, 3-9.

Las palabras de mi profesor de historia fueron sabias, y si las aplico a mi propia vida, ¡me doy cuenta que puedo usar el pasado para aprender algo que será de beneficio eterno en el futuro!

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